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Inauguración Casa de Paso Centro Tarará Unión

ASSE y MIDES inauguraron la Casa de Paso "Prof. Dr. Alfonso C. Frangella", para pacientes del Instituto Nacional del Cáncer (INCA), y el Centro Tarará Unión para pacientes derivados de diversos centros hospitalarios, que tengan el alta médica pero necesiten un lugar para recuperarse.

El jueves 13 de diciembre de 2012 se firmó un convenio entre el MIDES y ASSE, mediante el cual se otorga en comodato el Pabellón Marie Curie del ex local del INCA (ubicado en la calle Joanicó s/n) para utilizarlo como casa de recuperación. En dicho local están ubicados la Casa de Paso y el Centro Tarará Unión.

La Casa de Paso es un hogar diurno que funcionará de lunes a viernes entre las 8.00 y las 18.00 horas y recibirá a paciente derivados del INCA. En este sector se brindará contención a pacientes oncológicos que tengan que esperar consultas, tratamientos, ambulancias o transportes hacia sus lugares de origen.

Las instalaciones del centro cuentan con una sala para ver televisión, computadoras, microondas, dispensadores de agua y baños para que las personas se puedan relajar y esperar junto a sus acompañantes.

En el otro sector del local, funciona el Centro Tarará Unión que recibirá a personas autoválidas en situación de vulnerabilidad, de Montevideo y el interior, que tengan el alta hospitalaria pero que necesiten un tiempo para recuperarse antes de volver a sus hogares. Aquí se podrán alojar personas derivadas del INCA y de otros centros hospitalarios.

La inauguración de ambos centros contó con la presencia del director del INCA, Álvaro Luongo; el ministro de Desarrollo Social, Daniel Olesker; y por ASSE: la presidenta del Directorio, Beatriz Silva; el vicepresidente del Directorio, Enrique Soto; la directora de Unidades Especializadas, Annabella Marchese; y el representante de los usuarios, Wilfredo López.

 

Tarzán y Ruben

Ruben es oriundo de San Carlos, Maldonado. Tiene 66 años y un cáncer de pulmón que le detectaron hace un año. Se está tratando con radioterapia y quimioterapia. 

Es el más callado de los dos. Junto a él, mirando el informativo, está Tarzán de 84 años, vecino de Las Piedras, Canelones. Es el que lleva la charla. Cuenta que ya lo operaron hace dos años de cáncer de piel, pero ahora está en tratamiento por otro cáncer, en la próstata, que le detectaron el 23 de noviembre. A ambos los derivaron médicos del Instituto del Cáncer. Tarzán cuenta la diferencia que sintió de estar internado en el INCA a pasar al Tarará. “Acá podemos salir al patio y siempre nos están acompañando”. Ruben asiente y participa: “Es mejor porque podemos tomar aire puro” y hace un gesto con ambas manos, como de inspiración. Los fines de semana y feriados, si se sienten mejor, pueden volver a sus casas con la familia. Otro aspecto que destacan los usuarios es el impacto que tiene este clima en su estado de ánimo, que les ayuda a superar mejor la enfermedad, y coinciden en que el Centro Tarará “es como una familia”.

 

Cada caso, un mundo

Magdalena Etchegoyhen es la coordinadora del Centro Tarará Unión y la Casa de Paso. El equipo técnico que ella comanda es el responsable de evaluar cada caso con miras a una recuperación física, pero también psíquica y social del paciente. La evaluación se realiza por medio de una entrevista. Se busca un perfil de pacientes que tengan una situación social compleja a trabajar, no solo desde el punto de vista médico.

En general se trata de personas cuyas redes sociales y familiares están muy deterioradas, a diferencia de los pacientes que vienen del INCA. Pueden provenir de ASSE o de refugios del MIDES y la idea es que se vayan contenidos; si es necesario se les tramita una pensión, por ejemplo. En los pacientes oncológicos es fundamental el apoyo emocional.

Además de la reinserción social del paciente, en particular si proviene de un refugio, se trabaja en la adquisición de hábitos saludables, en la alimentación adecuada, paseos al aire libre y caminatas.

Para Patricia Rolando, psicóloga de Tarará Unión, el hecho de que sean pocos pacientes también influye en la evaluación positiva y los avances obtenidos. Poder hablar todos los días con todos, por ejemplo, es fundamental. El clima familiar, la intimidad que se genera, acelera el proceso de recuperación de los pacientes en todos los aspectos, y hasta se animan a quejarse si la comida no les gusta. “Y bueno, la comida sin sal no siempre es atractiva”, reflexiona Magdalena, pero "vemos la queja como un ejercicio legítimo de ciudadanía", y deja escapar una risa.